Soy un luchador contra la injusticia. Soy el típico defensor de pobres y ausentes. Soy el que incomoda, por no poder callar verdades que mejor no decir. Soy el que mira lo general, y actúa en consecuencia. También soy el que está en el detalle, en la particularidad. Soy el que ama regalar, el que ama pensar cuál es la mejor manera de mostrar gratitud mediante un regalo. Soy el que cuando tiene hambre y/o sueño es capaz de pelear por cualquier cosa. Soy el que quiere controlar todo, minimizar los errores, aprender cual maquinaria con inteligencia artificial y no repetir. Soy el que a veces se muestra superfluo, banal, tilingo y otras veces profundo, intelectual. Soy un cuestionador serial, como si no hubiera superado la etapa de los “por qué”.
Tengo una curiosidad que me moviliza hacia delante, tengo un lado muy fuerte y un lado muy vulnerable, tengo una madre presente y un padre ausente. Tengo capacidad, de hacer, de pensar, de decir, de ejecutar. Tengo consciencia de clase, trabajadora, tengo pocas cosas que me avergüenzan de mi vida y sobre eso tengo orgullo. Tengo la capacidad de trascender mis propias creencias limitantes, de ver el borde y correrlo. De encontrar la ventanita en la habitación cerrada. Tengo la inmensa alegría de encontrar en el aprendizaje espacios cada vez más amplios, con más dimensiones, con más colores, con más matices. Tengo la suerte de haberme cruzado con grandes maestros, y tengo sus palabras en mis oídos. A veces las repito como un mantra, para comprender, con el cuerpo.
Soy el que separa lo personal de lo laboral. Soy el que pone el cuerpo a la acción y al pensamiento. Soy el que se mete en el barro sin dudar. Soy el que sabe pedir perdón y el que casi nunca pide permiso. Soy el que ama a los niños, en todas sus etapas, el que disfruta hacer dormir a un bebé, o darle la mamadera, o un remedio. Soy cada vez menos estructurado, y menos definido. Si bien estoy hablando de “soy”, me refiero a “estoy siendo” porque también soy el que tiene la capacidad de cambiar por completo de forma de ser, de elegir quién quiero ser, y qué quiero hacer.
Tengo poca paciencia en escuchar catedráticos que se regodean en la paja, y no de heno, sobre un tema teórico. Tengo un título universitario, de una carrera que no me apasionó pero que me hace tener recuerdos imborrables. Tengo noches enteras de estudio. Tengo el recuerdo del frío que hacía en invierno cuando tenía que caminar quince cuadras hasta la parada del bondi para ir al colegio. Tengo energía, para hacer lo que sea. Tengo creatividad, que aplico en todo. Tengo confianza en mí, algo que me costó tener, pero que nadie me puede robar. Tengo la certeza de que poseo mucho más de lo que necesito.
Soy el duro de la familia, el rígido, el aleccionador. También soy el ejemplo de dignidad. De no querer regalos, de no querer nada de arriba. Soy el que se ganó todo lo que tiene. Soy el que pagó el costo necesario, con orgullo, con decoro. Soy el que se angustió cuando se dio cuenta lo difícil que era ganar plata, el que tomó consciencia de todo lo que había pedido durante la adolescencia, el que entendió tarde el por qué de algunos “no”. Soy rebelde, a todo sistema que se me presente. Fui rebelde en el educativo, en el de salud, en el funerario, en el judicial. Rebelde e incómodo, pese a la reiteración. Soy el que separa a las personas entre las que cobran del Estado, pueden cambiar las cosas y no hacen nada del resto. Soy el que sonríe muchas veces para no pelear, y huye lo más pronto posible.
Tengo muchas cosas de mi abuelo, en mí, y no lo conocí. A través de los relatos, llevo años de escuchar cosas de él. La vida, a través de misteriosas situaciones me ha hecho comprobar esos relatos. Él decía “todo lo que digan de mí, es cierto”. A mí siempre me pareció muy fuerte pero hoy quiero decir lo mismo.
Soy el que no tiene vergüenza de estar siendo quien soy, con lo bueno y lo malo. Soy el que elimina la culpa de volar, soy el que acepta que a veces este vuelo es en soledad, y si de pronto aparece alguien volando al lado, lo agradeceré.
Soy y tengo estas cosas, entre otras. Respecto a lo material todo es cartón pintado. Es acumulación del hoy que en instantes puede no estar más.
¿Hay algo más bobo que negar que la muerte nos puede encontrar en cualquier momento? Quisiera que me recuerden por mi rebeldía, por toda la incomodidad generada, por lo combativo, por lo inconveniente. Por mis gestos de cariño, de acompañamiento, por mis abrazos. Espero ser recordado por mi relación con los niños, con los animales. Por sacar sonrisas en los momentos más difíciles. Por no tranzar, por supuesto. Por ser tan pagado de mí mismo y de mis ideas. Por ser difícil de doblegar, por no adiestrarme, por no funcionar en la normalidad. Por mi iniciativa, por las tantas cosas comenzadas que no funcionaron pero que no aplacaron esas ganas de volver a empezar algo nuevo. Por mi empeño en el trabajo colectivo, en el compartir, en lo grupal. Quisiera que me recuerden por los cambios que se hayan generado por mi paso por el mundo, por las realidades modificadas, por los actos que una vez cometidos subvirtieron el orden de las cosas. Espero que sean muchos.