Roto como un globo que ni bien es perforado pierde su forma para siempre. No se le ponen parches a un globo de la misma manera que siento que no puedo poner(me) un parche en este momento. Roto. Roto y sin saber a qué servicio técnico llamar, sin saber dónde arreglan a las personas falladas. Sin botón de reinicio. Común, corriente, mundano. Nada de extraordinario en este daño, que no es digno de una ficción ni de un relato. Roto, escindido, con el cuerpo en préstamo, allá. No soberano. No independiente. No propietario. No compartiendo. Solo. Triste, solitario y final, aunque esta tinta todavía corre y no hay forma de saber cuál será el último recorrido de esta mancha. Tinta que cae en el agua y se deja llevar. La forma aparece imprevista, imperfecta, descontrolada, libre. Eso me perturba. Porque quiero tener el control, quiero asegurar su plena libertad aunque en ese mismo acto la encarcele y la aniquile.