03/03/2016 desde Córdoba a Buenos Aires, pensando en aprendizajes de los últimos años..
Aprendí que la legislación tiene que estar para regular y resguardar las situaciones que se dan naturalmente en la vida cotidiana, y no para marcar límites que, en definitiva, solo marginan a los «distintos».
Aprendí a respetar las subjetividades, y tomar como propias algunas luchas. Aprendí que no estar a favor del aborto no implica no apoyar el acceso a un aborto legal y gratuito para salvar la vida de muchísimas mujeres. Aprendí que el género tiene que ver con la identidad y no con la genitalidad, aprendí a frenar una fuerza interna para catalogar a las personas y a entender que lo verdaderamente importante era respetar que cada uno viva tal cual se sienta.
Aprender a vivir con la filosofía de vida «el otro soy yo» y «la patria es el otro» no es tarea fácil. Es una lucha diaria con el propio impulso normalizador de determinar qué está bien y qué está mal. Es enfrentarse todos los días con nuestra identidad más conservadora y sobreponernos a ejercer algún tipo de poder sobre el otro, y también dejar de lado el elitismo y la noción de propiedad. Cuesta mucho, por lo menos a mi.. pero que alegría saber que hago algo para que aquellos que han sido excluidos por años puedan vivir su vida con naturalidad, puedan acceder a la misma calidad de vida que el resto, ejerciendo plenamente sus derechos.
Tantos años de Formación Ética y Ciudadana, Formación Cívica, etc. no me dieron lo que me dio crecer durante el gobierno Kirchnerista: entender la importancia de la presencia del Estado. Hoy me siento empoderado, siento que puedo cambiar las cosas y lograr un mundo mejor, siento la satisfacción de desear y sentir un país mejor no para mí, sino para todos, siento la tranquilidad de saber que algunas cosas me duelen más por los otros que por mi. Siento que ejercer la ciudadanía es luchar porque las cosas cambien, y no conformarse nunca. Siento que hay muchísimas leyes inclusivas, que no me afectan directamente, pero que debo cuidarlas a como dé lugar, al mismo tiempo que se pelea por mejorarlas y conquistar más derechos.
Estoy convencido de que no fue magia, y estoy convencido de que no se van a recuperar tan fácil en caso de que se pierdan.
Al mismo tiempo, me pregunto si aquellos que sólo ven su quintita sabrán lo que se siente al sentir todo eso?
Me pregunto cuándo podremos entender que la pirámide de necesidades de Maslow no se cumple tal cual es, hasta cuándo condenaremos a las personas de bajos recursos que gastan dinero en distintas cosas que no son alimentos y cuándo comprenderemos a aquella madre que tiene que criar a sus hijos sin tener un mango.
Me pregunto hasta cuándo vamos a sostener que todo lo que tenemos lo logramos por esfuerzo propio, o familiar, y no por las posibilidades y oportunidades que nos dio la vida.. Ni hablar de sostener que los que no tienen es porque no se esfuerzan.
Veo muchos reclamos en las redes sociales sobre lo que a cada uno le compete, y sólo me hace pensar si algún día esas personas serán capaces de priorizar a los excluidos por sobre sí mismos, a la población por sobre el mercado, a lo colectivo por sobre lo individual, y a la calidad de vida por sobre el PBI. A veces es cuestión de distribución, y no de cantidad.
Lo que más agradezco de haber crecido en esta época es poder ver que toda mi generación está pendiente del país que cada uno quiere, de sus convicciones sean cuales sean y de luchar, en democracia, por ello.
Hoy sé que no todos somos iguales y que no todos queremos lo mismo para el país, por eso, mientras intentan convencernos de que el problema es que estamos divididos yo me preocupo de que los vivos de siempre no se aprovechen de los que siempre salen perjudicados.