La inacción es una acción en sí misma. Sobre todo cuando dicha inacción se encuentra acompañada de explicaciones que no cambian ni un poco la realidad. Otra vez el ciego que no quiere ver, el que justifica las cosas, el que ve una pequeña luz de la cual agarrarse para poder creer, poder confiar y poder seguir hacia adelante, ilusionado.
El foco en lo pequeño que afecta de gran manera mi funcionamiento diario, y no en lo general, ni en lo subjetivo, ni en lo instantáneo que es cada cosa. Ni siquiera en mi perro chupándome la cara mientras escribo esto.
Me gustaría saber si la vida es un conjunto de coincidencias que en cualquier momento pueden ocurrir o si es puro caos que nuestra mente lee como puede. Como lo de sagitario, gachi, pachi y los dos pelotudos.
¿El exceso de sentido puede transmutarse en falta de sentido? A veces siento que mi mayor virtud es que muchas veces no pienso y acciono y a la vez mi peor defecto es que pienso mucho todo. ¿Cuál es el equilibrio entre la pulsión de la acción no pensada y el cuestionamiento permanente que no conduce a nada? A veces tengo ganas de comprar todos los libros de autoayuda, de ver todas las charlas TED que hay en youtube. Muchas veces me encuentro escuchando un discurso con el cual me siento identificado, sin darme cuenta de que en mis acciones no hay nada de eso. Otra vez el ciego que no quiere ver.
Un día, en un preciso momento, la ficha cae. La emoción cambia. La relación cambia. Y eso cambia todo. Ya nada es lo que era. No hay expectativa. No hay espera. No hay nada.
No hay conclusión.