¿Cómo enojarse con la estupidez impuesta?
Con quienes creen que les va bien por mérito propio, que los pobres son pobres porque quieren, que se embarazan por un plan. Es casi como creer que hay un derecho al buen vivir al que sólo algunas personas accedemos.
Cómo enojarse con las personas que leen “budín con frutas” y no ven que eso es un producto diseñado para que no puedas parar de comerlo, y en consecuencia comprarlo sin parar, que triplica la cantidad de ingredientes que el que hacemos en casa o le compramos a un emprendimiento amigo, que seguramente puede hacerlo sin sufrimiento animal. Todavía me siguen diciendo que no entienden cómo puedo hacer un budín sin huevo.
Se cree que los incendios intensionales los hace una persona que está mal de la cabeza, o es muy despistada. Después vemos los barrios cerrados, los tambos, el ganado o la siembra, y no decimos nada… Hasta somos capaces de pensar que es bueno que hayan podido salir adelante del incendio.
El mundo de las ofertas, de las promociones bancarias, de las tarjetas de descuento, de las marcas. Mientras más status quo te brindan, más sufren quienes son eslabones de la cadena. Mientras más por debajo del precio razonable esté el producto, más explotación hay. Cuesta entenderlo. Y cuesta dejar de comprar ropa, por ejemplo, a precios casi irrechazables con el descuento, del descuento, del descuento. Nos educan para esto. Para ser funcionales.
Si bien no me enojo en particular con quienes ejercitamos esta estupidez, me indigna enormemente que quienes son responsables de generar estas creencias colectivas no paguen nunca. Quisiera juicio y castigo por tanto daño, que no hubiera olvido ni perdón, y que aquí veamos la verdadera traición a la patria, por hacernos creer que elegimos algo que en definitiva nos lleva a nuestra propia destrucción, como individuos, como sociedad, como planeta.
Cómo enojarse, si nos someten, y desconocemos completamente la estructura del sometimiento. Nos hacen creer que actuamos voluntariamente. Nos adoctrinan. Siempre hay que preguntarnos a quién beneficia lo que pasa, y buscar hasta encontrarlo. Hay que poner el cuerpo en lo que se pueda, en lo que nos mueva, para generar al menos, ahí, un cambio.
La solución es siempre lo local, lo autogestivo, lo cooperativo, lo directo, lo simple.
¿Por qué nos atrae lo complejo?