Hoy descubrí que me hace sentir muy inferior, como parte de este universo, tener la capacidad de dotar a objetos con determinada cualidad o calificación de tipo afectivo.
Ni siquiera lo pensé en relación a definirme según mis pertenencias, o reflexionando sobre si hay bienes materiales que me definan, sino que lo pensé en un vínculo directo con los otros, con el otro.
Me puse a observar los distintos objetos de mi casa y encuentro una fuerte carga emocional en casi todo.
La alcancía que compré en San Telmo cuando tenía 8 años y viajamos con mis padres a Buenos Aires, que aún estaban juntos. Me acuerdo de que ahí aprendí lo que era regatear. Costaba $50 y logré pagar $40.
La mini lámpara con forma de humano que me regalaron Vicki y Solci cuando me mudé a Buenos Aires, lo cual me hizo pensar en que sobrevivió a la mudanza y consecuentemente en la imagen del mate de cerámica cuadrado y amarillo que vino en ese combo que me regalaron. Pensar que hoy Vicki es madre y que su hijo se llama Felipe, en ese momento no lo hubiéramos creído posible.
El cajón pintado a mano por Carito donde guardo mis materiales de pintura. Me acuerdo perfectamente de ese día, de lo que pintó ella, de lo que pinté yo, de en qué andaba mi cabeza y de las cosas que pasaron en las semanas siguientes.
Los hipervínculos que puedo hacer a partir de estos objetos son infinitos, porque todo me remonta a algo que me remonta luego a otra cosa. Creo que ni siquiera es importante si el recuerdo o el afecto es real, en términos de cómo sucedieron las cosas, sino que su relevancia deriva de lo que yo creo que significan.
¿Por qué será que vivo en un departamento lleno de cosas que tienen determinado significado? ¿Por qué a veces creo que deshaciéndome de determinados objetos me saco un peso de encima? Hay objetos que van y vuelven, como supongo que también irán y vendrán los pesos de los mismos.
Lo que tengo en claro, y que nunca había pensado hasta hoy, es que no solamente quiero sacar el peso material de los objetos en mi vida, de tener o no tener, sino que tampoco quiero atar historias, recuerdos y creencias a los objetos con los que convivo.
¿No es suficiente con vivir el día a día como para además arrastrar los pesos del pasado y las expectativas del futuro?
Por un 2019 de cada día mayor liviandad.