A veces se me hace muy difícil poder medir lo que atravieso en términos objetivos. En general, el juicio sobre lo que acontece en mi vida viene con unos meses de demora al hecho que estoy evaluando.
Hoy, a los 26 años, miro para atrás y encuentro mucho orgullo de ser quien soy, de mi historia, de mis aciertos, de mis errores, de mis derrotas, de mis aprendizajes, de los choques contra la pared. Hoy recuerdo anécdotas que me enseñaron y me llevaron al que soy hoy. Vengo de meses muy difíciles en mi vida y la cosa no pareciera que fuera a mejorar.
Si tengo que hablar de mí, de quién soy hoy, tengo que hablar de muchas cosas.
En principio de mi mamá, con la que paso del amor al odio en un segundo. La admiro y acompaño en sus luchas apasionadas, desinteresadas, a veces caprichosas y a la vez le discuto todo, le marco el error. Ella dice que la alecciono. Algunos componentes se muestran por semejanza y otros por oposición, pero sin duda ella es parte importante de que yo hoy sea quien soy. De ella aprendí a tener esperanza y optimismo, que es muy doloroso cuando el final no es el deseado, pero que renueva la pasión y el compromiso por luchar. De ella aprendí a pararme desde la posición de reconocer al otro como otro, pero también como mí mismo. Eso marca casi todas las acciones de mi vida. Aprendí a poner el cuerpo, a no quejarme nunca sin proponer algo, a estar en la acción. A veces soy muy duro con ella, pero porque me cuesta ser compasivo, siento que ella siempre puede más, que ella me enseño eso… Que ella tiene que poder, para yo poder, y para que ella pueda. Así. Somos compañeros y hemos luchado codo a codo por mucho tiempo. Ella me enseñó muchísimo y me habilitó a crecer, a tomar posición y a defender mis convicciones.
Rami, mi hermano del medio, es mi primer amigo. Nosotros crecimos juntos y hasta compartimos el ritual de bautizarnos el uno al otro, sin que nadie más lo sepa. No creo que hayamos tenido mucha idea de qué implicaba la religión o el catolicismo, pero sí sabíamos que la mayoría de nuestros amigos estaban bautizados y nosotros no. Así que, una vez encontrada una botella de agua bendita, iniciamos la ceremonia. Él me bautizó a mí, y yo elegí a mis padrinos. Luego al revés. Él me enseño a andar en bicicletas sin rueditas… En su bicicleta… Yo no llegaba a los pedales, así que me subía y él me empujaba corriendo hasta que no daba más, y yo, con el envión, llegaba hasta la esquina, doblaba y me chocaba con un poste. Entrábamos a casa, me ponía una curita en las heridas, y volvíamos a seguir. Gracias a él aprendí a andar en bici sin rueditas sin siquiera tener que pedalear. Una vez, después de que yo hiciera el seminario de teatro que me decidió a mudarme a Buenos Aires él me dijo algo muy fuerte: “Vos aplicás juicios tan fuertes al resto, que cuando te los aplicás a vos no los pasás”. No me olvidó más de ese día, de esa enseñanza. Nunca se la agradecí, pero nunca dejé de usarla como herramienta para salir de esa posición.
Lucio, mi hermano más grande, me dice “pipi”, o “chuchito”, como cuando era niño. Me abraza, me cobija, y me deja sentirme chiquitito. Podemos pelear, en general porque yo lo juzgo, pero nunca pierdo ese lugar de abrazo, de contención. Nunca me voy a olvidar una vez que mis papás se estaban peleando, antes de la separación, y mi mamá lloraba… Lucio estaba en lo de un amigo, y yo me encerré en un placar, agarré el teléfono y le llamé, creía que él podía arreglar todo. Podría nombrar más de mil diferencias entre él y yo, y será porque siempre estuve celoso de él. Siempre quise ser el mayor. Siempre le cuestioné a mí mamá por qué los sacó primero de la panza a ellos dos, y no a mí.
Yo soy quien soy por ellos. Porque cuando comíamos un pollo yo gritaba «yo quiero el ala!!». Claro. Las pechugas, patas y muslos estaban repartidos entre los más grandes. «Yo voy al medio» en el auto, porque ellos querían la ventanilla. Así hay varios ejemplos, pero mentiría si dijera que mi lugar favorito del auto no es el medio, que tiene vista hacia adelante. Ellos moldearon mis posibilidades y yo las acepté con mucho gusto. Tal vez de ahí venga mi optimismo ciego, racional, lleno de acción, pero convencido de que todo se puede lograr.
Hoy soy adulto, aunque me quede mucho más cómodo el nene. El pecoso, el chiquito. Hoy no sé qué carajo voy a hacer de mi vida, pero sé que cuento con capacidad y sé que cuento con el acompañamiento de ellos.
Ellos son mi familia, y cuando las papas queman, estamos los cuatro. Nos miramos, nos entendemos, nos acompañamos. Incluso en las diferencias.
Mi papá quedó afuera de eso, por responsabilidad propia. Pero con el paso del tiempo empiezo a reconocerme como él en muchas cosas. En la alimentación, en ser solitario, en la lectura. De él recuerdo como nos hacía reír preguntándonos en tono serio si atropellaba o no a alguien mientras manejaba, si pasaba el semáforo en rojo, etc. Nosotros, gritábamos que sí, a los alaridos, pero nunca pasaba… Todos los domingos íbamos a comprar el diario y comprábamos chupetines. También tengo un recuerdo de más chico, más confuso, de tomar un yogur que venía en la típica caja yankee…. Pero no sé si será real…
La vida a veces es muy complicada para mí. Siento que no me enseñaron a vivirla ni a combatir los ataques que conlleva estar vivo, pero tengo muchas herramientas. Tengo la suerte de haber tenido épocas buenas y épocas malas. Tengo la suerte de habérmela jugado por lo que sentía e incluso errándole, aprender… No arrepentirme. Me pongo un poco nervioso cuando se piensa mucho y se hace poco. Yo necesito hacer. Decidir. Hacer. Pelear. Combatir. Defender.
Me re extendí, creo que lo mejor va a ser dejar acá. Este sería el subtítulo familia cercana, porque también está la más amplia. Está la familia que se elige. Está la locura. Está el teatro. Está tener y está no tener. Está el disfrute de lo poco y el malestar con lo mucho. Está la mirada errada. Está la pasión, el cuestionamiento, el no tranzar. Que orgullo me da eso. No tranzar. Ni con una coima al técnico del termotanque, ni con la defensa de derechos de salud mental, ni con la libertad de vivir mi vida como voy siendo a cada momento, que es cambiante.
Hoy soy este; mañana voy a ser el de mañana.